domingo, 9 de enero de 2011

Más que arrugas y canas, mucho más


Con la calidez propia del adulto mayor, que es como la ternura de los niños, los ancianos reciben a quien esté dispuesto a escucharlos y seguirles el juego de palabras y gestos que ellos dominan muy bien.

Por Marisol Gómez.

El Centro de Bienestar del Anciano San José, es el lugar donde converge una pequeña parte de la población adulta mayor de El Carmen de Viboral (37 personas), quienes reciben los cuidados de alguien ajeno a su familia que se ha convertido en una bondadosa mano amiga. El centro cumplió 64 años de trabajo al servicio de la población mayor del municipio.
En la tarde del domingo, sentados frente al televisor, están cuatro ancianos con sus trajes en tonos apagados y rostros serenos, a la espera de alguna visita que llegue con dulces o monedas. Cuando entra algún visitante, inmediatamente sus miradas se dirigen hacia él, como para identificarlo; luego esas miradas vuelven a trasladarse al televisor.
Mientras tanto, otros ancianos que se encuentran en el patio interior parecen perdidos en sus pensamientos, con la mirada fijada en la lejanía como si se evocara el recuerdo; los demás ancianos dicen al respecto “es que ese no es del todo completo”, como para que no se le preste mucha atención.
A pesar de la enfermedad de algunos de estos longevos, hay quienes con su manera de ser quieren robarse la atención del nuevo visitante. Carmen Tulia Calderón quien cuenta en sus dedos para poder decir su nombre completo, es quien recibe las visitas con abrazos, sonrisas y dificultad para hablar, ella cuenta algo de su enfermedad por dentro y de la operación que deben hacerle.
Cada suceso allí es un asunto que se comenta en los pasillos, y las noticias que se escuchan van desde que “Luis está enfermo y no quiere almorzar”, hasta que el algo “es arroz con leche y no se puede desperdiciar”; son preocupados por lo que pasa en ese pequeño mundo de contemporáneos donde cada asunto se convierte en una suceso que todos deben conocer.
Sin embargo no se olvidan de lo que pasa afuera. Ángela Zuluaga, una de las mujeres más lúcidas de aquel lugar, hace referencia a su familia y dice que “no se queda en casa" porque no tiene “con quien vivir”, además allí se entretiene conversando con sus cercanos y leyendo la biblia que tiene en sus manos. No obstante, en su discurso se evidencia la nostalgia por estar lejos de sus hijos y nietos, y por no ser la mujer fuerte y trabajadora que era antes, cuando hacia campañas políticas y vendía alimentos que sembraba en su casa.
A las 2:30 de la tarde suena la campana que llama a los abuelos (que todavía pueden caminar) a tomar el algo, un arroz con poca leche que parece satisfacerlos. Los ancianos que se encuentran enfermos en sus habitaciones esperan a que llegue la “hermanita morena”, como llaman a Glenis Moreno por el color de su piel, con los alimentos y las respectivas medicinas.
Luego de tomar el algo, la hermanita morena llama a los ancianos que están en el patio para rezar el rosario. Todos acceden y se sumen en un momento de fe que realmente disfrutan.
Al mismo instante, en una de las habitaciones decorada con imágenes de la Virgen de El Carmen y un divino niño como muestra de su fe en Dios, se encuentra Laura Roza Alzate quien, a pesar de su ceguera, cuida de su compañera de habitación: Angélica Zuluaga, comentando que sus dedos son el reemplazo de la vista con la que no nació.
Laura se mueve por todo el centro como si realmente pudiera ver, con un dominio total de sus pasos y acciones. En la habitación escucha la radio, pero no tiene reparo en apagarla para hacer lectura en voz alta de los versos y otras cosas que escribe en alfabeto Braille. Laura hizo lectura de las estaciones del viacrucis que le dictó la “hermanita morena” la semana pasada.
Este centro del adulto mayor se ha convertido en el hogar de muchos de los ancianos y es por esta razón que no temen apropiarse de cualquier rincón insospechado que extrañamente da sosiego y felicidad, pues no siempre están en la habitación, ni en el patio, ni en el comedor… hay quienes se la pasan dando vueltas por los corredores del lugar, mientras otros recorren las demás habitaciones.
A parte de esto, algunos de los ancianos que son más lucidos, salen a recorrer algunos lugares del municipio en las horas de la tarde, por eso algunos de ellos pueden verse sentados en las bancas del parque principal recibiendo el sol; Rebeca Giraldo, la directora de este centro, comenta que quienes salen de allí tienen restricciones con los horarios, deben llegar a las 5:30 de la tarde.
La mayoría de los ancianos tienen serios problemas para hablar y no pueden valerse por sus propios medios. Sin embargo allí hay todo un juego de símbolos que ellos mismos han establecido y entienden cuando alguien quiere irse a su cuarto, entrar al baño, preguntar algo o cuando necesita que alguien vaya a ayudarlo.
La institución intenta subsidiarse con la mensualidad que se paga por los ancianos que va desde 300 mil hasta 420 mil pesos mensuales. Sin embargo, hay 17 ancianos que no pagan nada por las pocas posibilidades económicas de sus familiares; ellos no generan ingresos para esta comunidad.
La población carmelitana se ha sensibilizado con la condición económica del centro con aportes económicos, alimentarios, medicamentos y elementos de aseo. También se ayudan de los ingresos de la sala de velación La Resurrección, la Capilla El Asilo y la serenata anual a favor del centro. La Administración Municipal hace un contrato con este centro, 14 millones de pesos anuales que no resultan suficientes para atender las necesidades de este sector.
Las pocas posibilidades económicas del centro se hacen notorias en su misma infraestructura, aunque este centro es ordenado y limpio, algunas paredes están muy despintadas y un par de partes del techo están caídas.
Pese a esto, los abuelos del Centro de Bienestar dicen sentirse bien allí, les parece un lugar cálido así estén lejos de sus familias, pues allí se sienten acompañados. “A uno se le va el tiempo aquí o en la capilla rezando” comenta Laura Rosa Alzate, quien además agrega que “no podría estar mejor en otro lugar”; eso sí, le gusta mucho que la visiten, y cada que habla con algún visitante lo invita a que vuelva pronto.
Pese a ser el domingo el día especial para las visitas, al final de la jornada sólo una pareja se encuentra conversando con una de las ancianas a quien ellos llaman mamá. Los demás ancianos pasaron el día bien arreglados para ir a misa, pero no para recibir a sus familiares, que como muchos ancianos dicen: “se han olvidado de mí”.

Gémero: Crónica. Abril de 2010.



miércoles, 5 de mayo de 2010

Quiero que mi música toque corazones


Nakí Bailarín:
“Quiero que mi música toque corazones”
Nakí Bailarín habla de sus raíces indígenas, su vida artística y su primer disco “Que bonito”.
Por Marisol Gómez Castaño
Nakí Bailarín, descendiente de los Embera Katio, refleja su sensibilidad en las canciones, puestas en escena, en el uso del maquillaje indígena en sus espectáculos y también en su vida. La imagen que proyecta de mujer delicada y sensible fue reiterada durante la entrevista, donde se evidenció desde el cerrar de sus ojos y los movimientos de sus manos, la pasión con la que habla de su vida musical y de lo que la hace sentir habitar el mundo.
El encuentro se llevó a cabo en su estudio de grabación: La Zona Pro, en El Poblado. Lugar donde pasa los días como asesora vocal, definiendo el estilo de personajes que quieren entrar al mundo artístico y, por supuesto, grabando sus nuevas melodías y canciones. El encuentro se dio unos días después de que Nakí llegó de Bogotá, donde cantó en el marco del Festival Iberoamericano de Teatro.
Hablar de Nakí significa mencionar una mezcla de raíces indígenas con un poco de sonidos de la ciudad, pero usted ¿Cómo define su identidad musical?
Mi identidad la defino también como una fusión (así como la veo en la música) de ese mestizaje especial que recibí de cada una de las etnias que componen nuestra América. Nakí es esa bella fusión de piel, de raza, de sangre, de alegría, de lo afro, del misticismo y el corazón de los indígenas que aman la naturaleza, y también de lo urbano, lo blanco, el ruido de la ciudad. Es una hermosa mezcla y de cada una recibo algo especial.
¿Existe un lazo directo con la cultura Embera Katio, con esas raíces que en parte te componen?
El único lazo es mi mamá, es lo que veo de ella y también lo que recibí y que no conocí. Cuando yo tenía 15 años yo me pintaba la cara, no sabía que los Embera se pintaban, ni siquiera sabía que era Embera; entonces es una conexión que ya venía en la sangre, yo me sentía conectada con mis raíces y le preguntaba siempre a mi mamá quienes eran mis abuelos y de dónde veníamos, pero había muchas cosas que ella misma desconocía.
Cuando estaba en la Organización Indígena de Antioquia sí supe propiamente a qué etnia pertenecía y tuve muchas ganas de ir a la comunidad (todavía las conservo), pero el acceso era restringido porque había violencia. Hasta el momento no hay contacto directo con la comunidad, no se tiene el lazo familiar como debería ser, aunque hace poco mi mamá estuvo en una comunidad cercana y tuvo conocimiento de la supuesta abuela: Ana Bailarín, pero ella está muy enferma y no han podido verla.
¿Cómo asumías, entonces, lo del maquillaje de la cara si dices que en ese momento no sabías de tus raíces?
Ese asunto era muy mágico, porque cuando yo estaba triste y quería sentirme bien, yo empezaba a maquillar mi rostro y encontraba en eso tranquilidad, alegría; luego cuando pude investigar sobre mis raíces y me di cuenta que los Embera se maquillaban para sentir la conexión con lo espiritual, cuando están contentos y quieren conectarse con la tierra y la belleza. Era como un asunto incorporado, yo no tenía consciencia de ello pero lo hacía y encontraba bienestar en ello.
En una de tus canciones, Princesa Embera, se alude a la huida de una joven noble y guerrera. ¿Tiene esto algo que ver con tu historia y con el hecho de que no pudiste absorber la herencia cultural?
Sí, mi mamá se fue de la comunidad a los siete años, ella es hija de Ana Bailarín, indígena Embera Katio, y mi abuelo era Capunia (no indígena) él tenía raíz española. Mi mamá se fue de la comunidad porque la abuela le pegaba con machete (un día se le voltio el machete y en la tibia tiene su cicatriz), ella se fue viniendo hacia Medellín, sin saber dónde iba a parar y le tocó sufrir mucho por ser indígena, mujer y pequeña.
El abuelo no dejaba que mi mamá absorbiera nada de sus raíces, entonces mi mamá se sabe solamente tres palabras y a nosotros sólo nos comunicó eso. Yo le preguntaba pero no había mucho que decir, por eso no pude absorber mi herencia cultural.
El mundo artístico de Nakí se inicia desde la infancia. ¿Cómo fue que te dejaste tocar por la música?
Yo sabía desde niñita que iba a ser lo mío. Yo bailaba para los vecinos y me decían que era tremenda artista, me ganaba los concursos de baile y en el colegio manifesté mi interés por la música, tenía buen ritmo y tocaba la clave en la tuna. Luego mi profesora de artes me vio capacidad para cantar y me fue metiendo en los concursos de canto relacionados con la música colombiana. Entonces todo me encaminó, ese era mi mundo, desde pequeña lo supe y fui creciendo y mejorando con la formación académica y la experiencia.
¿Cómo fue ese proceso de intervención y evolución musical en el que definiste tu estilo?
Yo sólo tenía claro que quería cantar. Para que se fuera moldeando Nakí sí hubo intervención de mi productor, Sergio Giraldo, y del encuentro con mis raíces, todo me fue aportando sumando, además, a mi personalidad. Desde que comencé a escribir siempre tuve ese compromiso de querer hacer una canción y aportar a la sociedad cosas buenas, que todo estuviera enfocado a la construcción de tejido humano. Todo ha intervenido, personas principalmente que quisieron que diera lo mejor de mí en escena.
Hablemos un poco del proceso de creación de las letras que son reflejo de diversos sentimientos. ¿A qué le canta Nakí, de dónde salen sus letras?
No, ellas me buscan a mí. Primero me imagino la música, soy muy musical, entonces parto de una tonada que le expongo a mi productor, él me da la armonía y con base en eso hago la canción. Tengo la melodía y es como si ella buscara dentro de mí el tema, por ejemplo con la canción Negra, la melodía fue la que me trajo temas como la esperanza, la fidelidad en la pareja, el amor.
Es un proceso mágico, no lo busco, lo que sí quiero reflejar es valores y personas, la melodía me surge y a partir de ahí es como si la letra viniera solita, me buscara y me dijera: vea escriba esto. Eso es lo que me sucede.
¿Cuál es su canción más sentida, la que más la refleja?
De mi música… todas tienen algo de mí, y reflejan cosas positivas y negativas. No podría hablar de una en especial, todas reflejan mis estados y sentimientos.
¿Qué significa la música como proyecto de vida de Nakí? ¿Qué le hace sentir?
Ya es un hecho de vida, en algún momento fue un proyecto. Yo pienso que tengo un don que Dios me dio y que lo debo compartir, entregar lo mejor a las personas, desde la música, el mensaje, la escena. Me gusta prepararme y cantar con el alma, siempre he sentido esa conexión con el corazón, con las personas y con la música en sí, que desde niña me motivaba, me levantaba el espíritu. Eso me ayudó a hacer lo que hago hoy con Nakí, llevarlo a ser un hecho de vida que les aporte para bien a las personas.
¿Y cómo piensas que puedes aportarle a las personas, desde tu música?
Lo que pretendo inicialmente es que bailen, se rían, se la sollen, que si no le quieren prestar atención a la letra no lo hagan pero disfrútela como pueda, esa es la idea. También es importante que se lleven algo bueno para su vida, que la recuerden, que les dé ganas de bailar o sacar la tristeza, que si en ese momento le pasó algo bueno en su vida haya estado mi música ahí. Es nada más eso, que mi música pueda dejar huella porque si toca el corazón también va a tocar la consciencia.
¿Qué le produce estar en el escenario y ver como se recibe su propuesta?
El mensaje solito les llega, yo me dispongo a entregarles una voz que los acaricie, les toque el alma, desde que parto con la primera nota ya la gente abre sus oídos. La gente lo disfruta y es cuando siento que todo mi proyecto de vida me genera conmoción, me conmueve ver que mi intención da frutos de muchas maneras.
Hablemos del himno mundial del Festival de la Tierra, su canción Madre tierra. ¿Qué le produce saber que en más de 40 países se escuchó su voz y sus letras?
Lo más importante es ayudar a que la gente tome conciencia del daño que le hacemos al planeta, ese es el éxito de la canción, la reflexión de que hay que cambiar la actitud, “Perdóname madre tierra por el daño que te he hecho” esto ha tocado muchos corazones. Cuando la comencé a componer miré al cielo y ese día estaba lloviendo y precisamente lluvia es la primera palabra de la canción, el mensaje llega solito a mí y luego de que toca mi corazón llega a otros corazones.
¿Qué representa el nombramiento de Guardiana de la Tierra?
Pues esa palabra es bien grande, desde mi espacio trato siempre de cuidar el ambiente, con el reciclaje, el cuidado del agua, el ahorro de la luz, preferiría no usar cosas de cuero, no contaminar el ambiente de ninguna manera. También intento difundir el mensaje entre mis amigos y cercanos y es una especie de ayuda para el cuidado de la tierra, para intentar guardarla.
Hablas de llevar la bandera al mundo con tu propuesta musical. ¿Por qué asumiste ese papel de ser un referente de la cultura nacional?
Porque amo a Colombia, amo a mi país, su belleza y tesoro, a la gente, la gastronomía, el paisaje, la cultura… y porque quiero llevar el mensaje de la real y superior belleza de nuestro país lejos de otros asuntos por los que se reconoce. Quiero que el país brille por su gente, por la diversidad, la riqueza que alberga.
¿Cómo fue la selección de canciones para el disco Que bonito. Se quedaron muchas por fuera?
El CD tiene 12 temas y la selección fue fácil, primero tenía 9 canciones completas y después fuimos sumando las otras tres, entre ellos Madre Tierra. La verdad, sí hay muchos melodías que están en proceso de intervención, igual hay algunas letras que guardo todavía, que prefiero no mostrar, porque soy tímida y a veces siento que es algo muy mío que está en proceso de mejora.
¿El disco ya está disponible?
Sí, mi producción discográfica ya está disponible en las disco tiendas del país y a través de Itunes y Amazon también se puede acceder al material discográfico que está hecho con el corazón.

¿Diversión para quiénes?

Informe Especial. Marzo de 2010.
Por: Marisol Gómez Castaño.

Mientras algunos jóvenes parecen disfrutar de ambientes de rumba en las discotecas de la Zona Rosa de El Carmen de Viboral, los habitantes del sector tienen problemas para dormir, hacer actividades académicas y tener tranquilidad en su propio hogar.
Los residentes de La Alhambra llevan alrededor de diez años manifestando a la Administración municipal su inconformidad con la dinámica comercial del sector, que invade acústicamente las 406 casas de la zona los fines de semana entre las siete de la noche y la una de la madrugada. Carlos Alberto Arias, habitante del sector, afirma que tiene que soportar el “desmesurado volumen musical” y algunas “peleas callejeras” los días donde quiere “descanso y sueño tranquilo”.
Un comité de representantes del sector hizo una solicitud formal en julio de 2004 con un derecho de petición que solicitaba control del volumen. La Administración de la época, al mando del exalcalde Jorge Luis Orozco, respondió que los propietarios de las discotecas debían “adecuar acústicamente” los locales, esta respuesta se quedó en el papel porque los dueños de los negocios expresaron no tener capital para ello. Más adelante, el comité instaló cuatro acciones de tutela sin lograr efecto alguno.
Para las 1.474 personas del sector se reclamaba derecho a la salud, el descanso, la paz y al sueño; la respuesta fue un incremento de la cantidad de establecimientos de la zona y un aumento del sonido por la competencia de volumen que se da entre los negocios. Los habitantes del sector tuvieron que limitar sus quejas al exceso de horarios permitidos y a las peleas callejeras (ante el comando de policía), pero nada podían hacer cuando en las noches daban vueltas en sus camas sin poder dormir.
Cornare, la autoridad ambiental regional, efectuó una medición del nivel sonoro el 25 de abril de 2008, en el informe técnico se comprobó que hay un exceso hasta del 21.5% de lo permitido que es 70 decibeles en cada establecimiento. Una nueva visita en mayo del año pasado constató que los establecimientos “no cumplen con la normatividad ambiental”. La “contaminación auditiva” es la que altera el bienestar de los residentes de la zona, quienes quieren vivir en su espacio y a su manera.
El sector figura en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) 2008-2011, como una zona de interacción múltiple (residencial, comercial, turística) por lo que la secretaria de Gobierno, Beatriz Cecilia Mejía, afirma que “ellos están ahí por vías legales”. No obstante, en Planes de Ordenamiento anteriores la zona figuraba como residencial y los establecimientos funcionaban sin estar registrados ante Industria y Comercio; las administraciones de los últimos 10 años fueron permisivas al respecto.
Situación actual: en el juzgado
Actualmente se lleva a cabo una Acción Popular en contra de Cornare, la Administración Municipal y los trece establecimientos públicos con los que cuenta la Zona Rosa. La iniciativa reclama “medidas necesarias, concretas y eficaces” que disminuyan el impacto del sonido a lo estipulado por la norma.
El abogado que lleva el proceso, Andrés Felipe Arteaga, instauró la demanda que fue admitida el 16 de junio de 2009 en el Juzgado Veintiuno Administrativo de Circuito. El expediente contiene demandas, cartas, comunicados organizados cronológicamente; además, el pasado febrero, por un requisito en el juzgado, se recolectaron alrededor de 350 firmas de los residentes del sector que se anexaron al expediente.
La demanda ha sido lenta por nuevos requisitos que surgen en el trámite. Ahora está en traslado de contestación, es decir, se espera la respuesta de los demandados para proceder al fallo: Cornare, por ser la entidad ambiental regional; la Administración, por ser la directa encargada de los sucesos municipales; y los establecimientos públicos por ser adversarios de la causa, estos últimos “tienen poca información” al respecto, según Julián Alexis Narváez, administrador de La Tekilera ubicada en la Zona Rosa.
Un problema y otros más
La Secretaria de Gobierno afirma que es “imposible ceñirse a la normatividad”, puesto que el costo de una adecuación acústica generaría el cierre de negocios y el derecho al trabajo se vería violado. La Administración se enfoca en controlar los horarios permitidos y las alteraciones de orden público (a cargo del comandante de Policía Carlos Alberto Medina), pero no ejerce control sobre el volumen permitido en cada establecimiento del sector.
En el mismo POT municipal, se argumenta que la actividad comercial debe ser acorde con el desarrollo y las necesidades de los residentes de la zona y en los expedientes de los Consejeros Territoriales de Planeación se asegura que el parque del sector fue creado con un fin “tradicional, social y cultural”, no con la saturación de discotecas que “originan indisciplina social”. A este argumento se suman Luz Elena Ramírez y Socorro González, habitantes del sector.
Mientras tanto, los administradores de las discotecas continúan con su amplificación de sonido (la mayoría no están muy enterados del litigio) y los usuarios de estos lugares los fines de semana disfrutan del placer que les genera el baile, la música y el licor; sin pensar en que hay otras personas que desean concebir el sueño.

jueves, 19 de noviembre de 2009

¡Cotero hasta que llegue el dios Baco!

En las horas de la mañana las calles del pueblo son testigas de un personaje que ve en el oficio de carga y descarga de diversos materiales, la posibilidad de generar ingresos para satisfacer sus necesidades y deseos.

Francisco Ramírez, más conocido por sus amigos y familiares como “Pacho” y por la mayoría de habitantes de El Carmen de Viboral como “Wipi”, hace parte de la larga lista de personajes particulares que se toman las calles del pueblo desde su cotidianidad, reflejando una manera singular de ver el mundo. Lista donde caben personajes como Mambo, Vihigh, Lino de J, Pachito el cantante… quienes recurren al espacio público como posibilidad de empleo y, al mismo tiempo, le dan un toque especial a ciertos lugares; aunque ellos ignoran todo lo que logra transmitir su singularidad y lo valiosos que son como referentes de la diversidad cultural municipal.

Francisco ve en lo urbano la posibilidad de subsistencia, olvidando oficios anteriores donde el campo era el trabajo seguro para las personas que como él viven en una vereda y cuentan con unas cuantas tierritas.

Su hogar es el reflejo de una familia tradicional antioqueña, de esas familias donde “la mujer es de oficios en casa, al cuidado de los hijos”, sumisa; mientras el hombre sale a trabajar, a ganarse la plata con un compromiso pesado y de varones. Actualmente, este hombre vive en la vereda La Aurora con su conservada esposa doña Martha, mujer trabajadora y comprometida con la crianza de los hijos que todavía están en casa y de unos nietos que “cuida por unos cuantos pesos”.

Parece ser que “Wipi” se la pasa poco tiempo en su finca, la alegría se la da el sonido del pito del bus, muy de madrugada, que lo hace bajar a trotas de la loma en donde vive porque anuncia el transporte hacia el pueblo.

Una vez en las calles del municipio, realiza completamente las labores encomendadas por algún vendedor o comprador, porque cuando de materiales pesados se trata se ve llegar a este personaje. Se distingue a lo lejos por su gran estatura y su forma de caminar a pasos largos pero lentos, su cuerpo delgado y desgastado revela una vida de lucha constante y enorme sacrificio, su rostro tiene unas cuantas manchas por el sol y sus ojos son grandes pero algo hundidos. Lo acompañan como elementos característicos: una gorra gastada para cubrirse de los rayos del sol y un dulce abrigo verde que reconoce a todos los coteros ubicados, precisamente, en la calle de la cerámica.

Durante el día se le puede ver de un lado para otro como cotero, o como más se le conoce a este oficio: volteador. “El trabajo es duro y mal pagado”, pero los muchos trabajos del día (por aquello del acelerado comercio que ahora se vive en ciertas zonas del Oriente Antioqueño) generan algo de ingresos para llevar a casa, aunque algunas veces se olvida esto en el camino y las ganas de licor no se hacen esperar.

Wipi es el sobrenombre famoso de Francisco y es producto de su propia creación, de las tardes o noches de ebriedad en las que repetía esa palabra para saludar a la gente y así se fue distinguiendo de otros ebrios y otros coteros.

Cuando recurre al alcohol, esa calle donde se le vio trabajar fuertemente pasa a convertirse en el escenario predilecto y regocijante de este personaje, esa calle es el reflejo de la tranquilidad que unos cuantos traguitos parecen darle. Allí, una multitud pasa, sonríe y grita “Wipi”, permitiendo que Francisco se sienta reconocido y pueda pronunciar palabras amables en su corto discurso; nada más que palabras, pero da la sensación de ser accesible a la cotidianidad de los carmelitanos que transitan la calle y lo saludan para recordarle que les agrada ese vocablo en particular.

Su puesta en escena en la mayoría de las tardes es muy diferente, pues ya el cuerpo y la mente están en otro estado, pero no es el típico ebrio que quiere llamar la atención; se le puede observar sentado en uno de los faroles de la calle de la cerámica, con la mirada algo perdida, pero cualquier palabra que se le diga trae otro gran listado de palabras, muy respetuosas, que salen de la boca embriagada de este personaje: “Wipi wipi”, “saludos”, “cariños”, “buena vida”, “maravilla”…

A pesar de su constante embriaguez la gente lo reconoce, además, por su espíritu trabajador. “Toma mucho, pero eso sí, es muy activo” como dicen algunas personas del pueblo, “para que pero el hombre es fuertecito así se vea desgarbado”; incluso lo llevan a otros pueblos para la carga y descarga de elementos pesados, porque “se le mide a lo que sea”. Su vida, aunque sea de difícil acceso por la simpleza que para este personaje parece tener, obedece a todo un ritual que es de gran valor y merece ser contado.

A Francisco nunca le falta el ánimo para ganarse sus pesitos, porque sabe que luego disfrutará de las mieles del alcohol, invocando al dios Baco y dándole otro significado a la calle que antes se tomaba para ganarse el pan de cada día.

“El trabajo duro tiene sentido cuando algo de esa plata es para sí mismo”, para salir de sus rutinas, inventando otras que quizá son más arraigadas el día de hoy. “Es que se lo merece, por el cansancio y el voleo del día”, comentan algunos de sus allegados, “eso sí, que no se beba toda la plata, algo debe llevar a la casa”.

La vida de Wipi, es la típica de los campesinos de la región que disfrutaban la salida al pueblo para emborrachar sus cuerpos, la diferencia es que ahora ese licor entra más seguido, pues el mismo movimiento del pueblo parece necesitar de personas que se esfuercen en lo urbano y olviden las pérdidas que han sufrido sembrando en el campo.

Más allá de lo que haga o no, resulta ser uno de esos sujetos que muchos prefieren evitar, pero que son producto del proceso de un pueblo que los distingue y los va perfilando… los niños lo extrañan y gozan con el tono como saluda; los jóvenes lo conocen, sonríen y luego lo ignoran; los adultos comerciantes lo contratan por ratos o, algunos otros, le ofrecen un poco de licor que parece alegrarle más la vida… y los turistas se asombran por ver a un hombre que “evidencia la diversidad cultural del pueblo”.

Wipi es, sencillamente, uno de esos personajes que le dan características particulares a ciertos lugares del municipio, es símbolo de trabajo y lucha por el pan de cada día recorriendo espacios comunes pero con miras en la oportunidad de empleo. Su puesta en escena es particular por vivir de oficios arriesgados y mal pagados al mismo tiempo que sonríe porque la lucha no parece ser en vano… por lo menos queda dinero para traer al dios Baco y crear otra realidad.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Un cuadro para el pintor (Ficción)

El extraño pintor de vidas modernas había salido a uno de los bares de la ciudad, donde podía conversar con cualquier universitaria y de inmediato, con un par de cuentos bien echados, llevársela a su pequeño apartamento lleno de pinturas, libros y botellas de vino… lo demás vendría después y no le costaría tanto.

Era igual cada semana, empezaba diciendo a la amante elegida que deseaba hacerle un desnudo, y entre vinos y poemas la posesión de cuerpos venía. Así había llevado su vida; al mismo tiempo que satisfacía su deseo pasional con alguna mujer, iniciaba un cuadro que luego de terminar llevaba a una sala de exposiciones.

Este día llegó el lujurioso pintor a uno de los bares que frecuentaba y, para su sorpresa, encontró una pintura exhibida que relacionó inmediatamente con su cuerpo, era su rostro visto de perfil y su espalda con los mismos lunares y la cicatriz en el hombro que lo acompañaba desde su infancia; sin duda alguna era un cuadro para él.

En la parte inferior de la pintura, aparecía una firma indescifrable y titulaba Una más. El pintor no supo qué hacer en ese instante, pero luego de unos minutos rompió su puesta en escena nocturna, fue a su apartamento y se embriagó en la soledad de sus pinturas. Con una copa de vino brindó por quien haya sido aquella mujer que se detuvo a observarlo y lo llevó hasta el lienzo.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Héroe como muchos, al fin y al cabo

Héroe: Varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes.

Siendo un hombre noble, dispuesto a buscar el bien común y, al mismo tiempo, siendo valiente se puede llegar a ser un héroe, un pequeño “héroe comunitario” que pone empeño en serle útil a un pueblo con lo poco o mucho que tiene.

Lino de Jesús Acevedo es uno de esos pequeños héroes que sólo con su actitud, simpatía, disposición y con la decisión de “hacer presencia en las calles para servir como autoridad cívica” ha logrado convertirse en un hombre importante y reconocido entre los habitantes de El Carmen de Viboral.

Lino de J. como le llaman comúnmente, nació en una familia típica carmelitana y desde muy pequeño estuvo al tanto del movimiento comercial propio del municipio puesto que ayudaba a su padre en una “prendería de la familia”; aspecto por el que conoció “otros negocios, personas e historias”, como él mismo lo dice. Siempre trataba de estar disponible para ayudar a quien lo necesitara y poco a poco fue creciendo su interés y necesidad en “servir a la comunidad”, cualidad que hoy en día enaltecen quienes recorren el municipio más allá de una simple obligación o visita de una tarde, es decir, quienes acceden a un poco de la historia del pueblo ceramista.

Desde hace mucho tiempo Lino de J. se dedica a repartir la publicidad de eventos, campañas o sitios comerciales en el municipio y en algunos otros pueblos del Oriente Antioqueño, dice que es “el publicista profesional número uno del pueblo” porque garantiza que “sí le sale la publicidad, no se la tiro al bulto”.

Y aunque parece disfrutar de esta labor, la verdad es que confiesa pasar dificultades económicas cuando no lo llaman de algún negocio o cuando algunos propietarios olvidan pagarle a tiempo y lo acordado. “Yo ahí me voy ganando mi platica, ahí cuando estoy con el uno o con el otro, porque yo me sostengo es de eso, de la publicidad, de eso me protejo yo”, afirma Lino de J., pero más tarde revela que hay días difíciles en los que no sabe qué “maroma hacer para llevar algo de dinero a la casa” donde vive con su hermana.

Por medio de esta actividad publicitaria, en la que se ve obligado a transitar las calles principales de El Carmen de Viboral, ha hecho patente su deseo de servir a la comunidad y ser una especie de “autoridad cívica” que descalifica los atentados en el espacio público contra cualquier ciudadano o contra el mismo patrimonio municipal (monumentos, parques, jardines, casas).

Así es como se escucha a este personaje diciendo: “amigo lléveme la bicicleta en la mano que esto por aquí es peatonal, respete hágame el favor”, “haber no me le pegue con el balón a la niña”, “no me tire el papelito al piso, vea la canequita ahí, está cerquita”… Su discurso más que ajeno, revela que siente como algo propio los atropellos, contra lugares y personas, que suceden ante sus grandes y brillantes ojos azules.

Su poco cabello, unas cuantas arrugas y las anécdotas que cuenta, revelan varios años de vida en este municipio. Sin embargo, este personaje se niega a decir su edad como si fuera un secreto invaluable y poco evidente.

No hay que negar que Lino conoce la historia del municipio, aspecto que hace evidente cuando menciona algún negocio de hace varios años o a personajes con los que trabajaba, y cuando revela haber participado en los progresos de la cerámica y, posteriormente, en la crisis. Reconoce, asimismo, a muchos de los habitantes de la zona, a quienes les sonríe y saluda (por sus nombres, casi siempre) cuando se cruzan en su camino.

Es un poco distraído, “elevado o despistado” como le nombran algunos para identificarlo, pero tiene el ánimo suficiente para hacer valer sus ideas y opiniones, eso sí, siempre con un rostro amable que más que imponer revela agrado y simpatía a la cual es imposible negarse; así es su personalidad.

Su labor como autoridad cívica es un fuerte intento por imponer con su mera presencia y sus palabras para censurar a quienes hacen cosas indebidas. Sin embargo, a veces su presencia no basta y hay quienes ignoran sus palabras de inconformidad ante ciertos atropellos, por lo cual su misión se vuelve dificultosa. “Uno es un líder por la comunidad, pero la comunidad no le colabora a uno”, comenta Lino.

Con la frente en alto afirma que es “el guía cívico del municipio”, el “guía turístico en la calle de la cerámica”, que es el espacio que cuida constantemente y donde más se ve a este héroe comunitario. “Nadie le pone atención a esta calle de los ancestros, lo que yo implante con mi presencia (…) Yo soy la autoridad cívica, ya que la verdadera autoridad no colabora en este sentido”.

A pesar de estas visibles labores, pocos saben del honor que le confirió Humberto Darío Restrepo, ex-alcalde del municipio, hace algo más de tres años en el Reciento Quirama, cuando lo nombró el “Alcalde cívico de El Carmen de Viboral”, por sus valores cívicos y su consciencia comunitaria.

Además, hay otro personaje que siendo reciente en el pueblo vio en Lino las cualidades de un héroe, es el señor Elkin proveniente del municipio de La Ceja, que con su labor de escultor sacó un busto de Lino, que es exhibido en su pequeño taller cerca al Instituto de Cultura del municipio.

Lino se muestra dinámico “buscando el bien comunitario” y sólo verlo haciendo sus rutinas genera cansancio: de un lado para otro, tocando una y otra puerta, saludando a quienes se cruzan en su camino, entregando publicidad de cualquier almacén o cualquier otro sitio, siempre está “marchando” para conseguir el sustento del día, pero no deja de lado su labor como hombre cívico.

Sin embargo confiesa que hay días en que le da el arrebato de irse porque le ofrecen mejores cosas en otros países por sus actitudes, pero no lo hace porque quiere el pueblo, porque no quiere dejar sola a su hermana y porque hay personas que no lo dejan marcharse. Lino comenta que la primera dama de la nación, la señora Lina María de Uribe, quien visita mucho el municipio y enaltece el valor de la cerámica, varias veces le ha dicho que no se desubique de esa calle de la cerámica, “que cuidadito se va”, pero es que la necesidad de Lino a veces resulta ser mayor y las propuestas que le ofrecen lejos del pueblo parecen sorprenderle.

No deja de ser lamentable que una persona tan entregada al pueblo diga pasar dificultades económicas y aunque su labor como hombre cívico al servicio de la comunidad para favores, mandados, razones y cuidado del espacio, es totalmente desinteresada, el hecho de que se le reconozca con diplomas, honores y rótulos no aliviana sus necesidades básicas, aunque resulta valioso para Lino, que dice hacer las cosas “con calidad” porque “me nace, y me duele que atenten contra el patrimonio de los carmelitanos, no más por eso”.

Su labor es de valientes “a mí sí me toca hacerme ver, hablándole a la gente cuando irrespetan el pueblo, cuando lo dañan”, pero se muestra triste cuando afirma que “a veces parece que a nadie le duele este pueblo”. Y es que como podría decirse que no es un héroe, si con una posición altruista se desvive por la comunidad “por el bien de todos”, los mismos que muchas veces le pagan mal y abusan de su débil capacidad de defensa, porque aunque no se la deja montar de nadie prefiere evitar las palabras fuertes, esas que suenan esforzadas cuando se enfrenta a alguien diciéndole que haga lo correcto.

No busca reconocimiento y mucho menos dinero por su servicio a la comunidad, sencillamente ama el pueblo y siente que con su presencia y su voz cariñosa pero decidida puede impedir que se cometan atropellos. “Yo me llevo con fineza este pueblo, porque lo quiero con calidad”, concluye el pequeño héroe comunitario, pero héroe, al fin y al cabo, porque sus hazañas son famosas y sus virtudes admirables.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Melodías y malabares sobre ruedas

Las calles se visten de música ante la presencia de un personaje que en el pueblo recuerdan y que con su particular forma de abordar a las personas se hace imposible de ignorar, aunque no del todo comprender.

Este personaje, que luego de conformar una familia divisó ciertos vacios y quiso buscar una filosofía más acorde a lo que él era, se alejó del municipio y se refugió en un monasterio o templo taoísta perdido en algún lugar. Allí vivió por más de diez años y como él mismo lo dice pudo acceder a un ambiente en el que aprendió y reconoció que “tenía defectos que lo llevaban a vivir una vida mediocre”.

Muchos lo recuerdan, William se llamaba, se apropio de lo urbano; las calles fueron testigo de un despliegue de su cotidianidad, y se hizo una pieza clave en la construcción de unos imaginarios de la localidad, como lo diría García Canclini. Sus prácticas eran evidentes ante los visitantes del parque o de cualquier otro sitio especial a determinadas horas del día; no dejaba de ser un personaje particular, a veces extraño, ante los ojos de cualquier transeúnte.

Un día cualquiera William se fue para algún rincón de nuestras selvas colombianas para darle un rumbo diferente a su vida, años después habría de regresar.

Montado en una bicicleta e interpretando en la quena (instrumento que siempre lo acompaña) algunas melodías andinas, se vio pasar a un personaje que no fue reconocido inmediatamente, era un extraño para los más jóvenes que no tuvieron encuentros con este ser hace más de una década. Las personas un poco mayores hicieron el esfuerzo por darle el nombre y recordarlo cuando se tomaba las calles del pueblo de una manera similar a la que ahora estaban viendo.
Llegó haciendo melodías, sonó su instrumento musical hasta que los sonidos se fueron perdiendo en la lejanía de quienes se marchaban algo cansados de escucharlo. Su simpatía parecía perderse entre las fuertes facciones y la barba larga que cubría gran parte de su rostro; sus cabellos también eran largos y algo esponjados; un traje que llevaba muy limpio ocultaba un cuerpo ejercitado, trabajado con esfuerzo y disciplina, si se quiere llamar de otro modo, un cuerpo vigoroso; una boina tejida manualmente cubría su cabeza, quizá del sol o quizá del frio, dependiendo el clima a la hora del encuentro entre el personaje y cualquier curioso.

Ciertos rumores se escucharon entre los habitantes del pueblo acerca de la vida de aquel personaje, fue de esta manera como muchos jóvenes accedieron a la historia de aquel sujeto que había llegado para quedarse y para ser reconocido por muchos de los carmelitanos, que poco a poco lo habían olvidado.

Ahora es un personaje reconocido, quien se cruce con él y se detenga un instante a observarlo no podrá olvidarlo por toda la puesta en escena que él maneja y que, más que su propia personalidad, parece el papel de un personaje que ha preparado muy bien su discurso, movimientos y señales para una obra de teatro.

Actualmente dice llamarse Vihigh porque según él, y sus prácticas espirituales, es su “nombre enviado”, el que realmente le corresponde y lo “conecta con el universo”. El taoísmo es la doctrina filosófica que profesa y define muchos de sus principios; a sus treinta y nueve años vive en una vereda cercana al municipio, donde dice encontrar la tranquilidad que no parece brindarle lo urbano.

Además de sus antiguas prácticas, hoy en día su lugar de vivienda le permite realizar actividades deportivas, artes marciales y trabajar en la producción alimenticia haciendo “Gran Hola” (mezcla que él mismo hace con almendras, coco, mazorca tierna y maní) que sale a vender por las calles de El Carmen de Viboral, además visita otros municipios cercanos para buscar personas que escuchen sus historias o sus hábitos de vida saludable y accedan a comprarle algún paquete de cereal.

Quien accede a sus discursos puede verse involucrado en una conversación sobre la importancia de un cuerpo sano y controlado para tener una mente sana, además de unos largos sermones sobre la energía vital del hombre; también pueden entenderse características físicas como sus cabellos largos que, según cuenta, se deben a una razón de “conexión con el universo”, porque actúan como puentes o cables entre la energía del universo y la energía del ser humano.

Además, maneja todo un ritual con sus manos como símbolos energéticos, es por esta razón que da con la mano derecha y pide que le reciban con la izquierda, todo esto hace parte de unos símbolos y significados que funcionan como explicación de la forma como accede a la vida. “Con la izquierda se reciben las cosas buenas”, dice Vihigh.

Algunos disfrutan de sus charlas y se detienen a escucharlo y entender un poco sus “experiencias de crecimiento personal y reflexión espiritual”, pero son más los que lo miran, sonríen y siguen su camino, porque no quieren una cercanía más allá de transitar los mismos espacios, porque simplemente no quieren detenerse a escucharle “su película”, o porque lo han escuchado y han preferido huir de cierto aire ostentoso que lo rodea y que lo hace decir cosas como que es “una biblioteca con un conocimiento profundo y sabio acerca del mundo”; además de que critica algunas de las prácticas comunes de los habitantes del pueblo, como la compra de comida en la calle, comer carne y productos intervenidos por químicos o por el mismo hombre, beber licor y rumbear, tener relaciones sexuales en las que se desecha la poca energía humana; igualmente tiene un odio profundo a la homosexualidad y dice que “es una de las prácticas que llama las desgracias más grandes del mundo, como los terremotos”.

“Es un poco extremista”, comentan algunos, y es por ello que a veces prefieren no entender sus ideales de existencia que rompen duramente con la cotidianidad y la actualidad que, según Vihigt, está rodeada de actitudes mundanas.

No hay que negar que mucho de lo que sabe este personaje logra atrapar a cantidad de personas, pero hay temas que la gente prefiere evadir y si los escuchan no pueden evitar sonreír y hacer bromas ligadas a los extremos de esas afirmaciones, como que “novia significa no vía, no es la vía para acceder a otros mundos e ideales”.

Habría que verlo dando una de sus conferencias para entender la claridad con la que ahonda ciertos temas como la espiritualidad, el cuidado con el medio ambiente y la buena alimentación acompañada de prácticas deportivas para tener un cuerpo sano, “un cuerpo que sea la casa de dios”.

No hay que negar que de vez en cuando haga pensar a alguien con alguna de sus afirmaciones que, aunque suenen descabelladas, propician la reflexión. Pero el hecho de perderse entre sus ostentosidades, con afirmaciones y consejos que rompen con ciertas modas, costumbres y teorías científicas difícilmente alterables, no agradan a muchos de quienes lo escuchan.

Y aunque es difícil entender su interés en seguir viviendo en un pueblo que no se aleja del “licor, el sexo y las prácticas mundanas”, es valioso el color que este personaje le da a las calles del pueblo, ya que con sus prácticas re-significa la cultura municipal.

Se crea o no en los discursos y prácticas de este personaje, lo que sí es atractivo y agradable es su cotidianidad: la forma como irrumpe en los espacios públicos, con melodías y malabares, al mismo tiempo que rueda su bicicleta.