domingo, 9 de enero de 2011

A un hombre hecho de barro


Por Marisol Gómez Castaño
Un delantal blanco con pintas de barro y una boina particular que cubría su poco cabello, era el traje de labores diarias de don Clemente Betancur Ramírez, un personaje ilustre de la cultura ceramista de El Carmen de Viboral, un “hombre de barro”, como lo llamaron muchos carmelitanos por su amor y constancia en el oficio; por una vida dedicada completamente a la Cerámica.
Sus manos de artesano dieron forma a vajillas y porcelanas en La Moderna, Cerámicas Pareja, Cerámicas Unidas y La Continental. También, en una mula de carga se vio obligado a trasportar piezas de barro a otros municipios de Antioquia, en una época en la cual los pequeños senderos eran las únicas rutas posibles para acceder a otros lugares, y los pies eran el único medio.

A sus 50 años de vida, Don Clemente Betancur, deja de lado su oficio como obrero y se convierte en el dueño de un pequeño taller, que inició y se mantuvo en la parte trasera de su casa; así nace Cerámicas El Trébol, una pequeña fábrica que conservaría el espíritu artesanal y rústico durante casi 40 años.
Este hombre fue insistente en un oficio que perdió posicionamiento con la apertura del mercado, la entrada de la loza china y los materiales de plástico a la cultura colombiana. Sin embargo, fue evidente su deseo de continuar el proceso de creación de piezas de barro y su ímpetu para ver este oficio como posibilidad de subsistencia.
En su pequeño taller, recibía visitas de personas interesadas en conocer más sobre la cerámica, y con una actitud humilde pero inteligente, explicaba toda la historia y el proceso de trasformación de la arcilla… mientras enseñaba el torno, el horno y algunas piezas “en bizcocho” listas para la primera quema.
Una ruta ceramista fue la vida de don Clemente Betancur Ramírez, quien abandonó su taller el 18de septiembre de 2010, a sus 90 años de edad, con piezas cerámicas listas para la quema que dejó inconclusa, pero que su familia se vería en la obligación de llevar a feliz término.
Hoy, cerámicas El Trébol, ubicada sobre la carrera 31, no tiene a su único dueño y trabajador, al ceramista tradicional y al más antiguo que quedaba; sin embargo, las calles del pueblo son testigos de su legado familiar, de su numerosa y tradicional familia que incluye hijos, nietos y bisnietos; además en varios hogares carmelitanos se cuenta con algunas de sus creaciones.

La cerámica es un referente de la cultura carmelitana; aunque ya poco queda de ella, se le considera la tradición de este pueblo colombiano. Personajes como don Clemente, continuaron con la tradición, con un oficio que poco prometía pero que daba alegría a sus vidas… al mismo tiempo que proyectaban la idea de un municipio ceramista, todavía.
A un hombre de barro, que edificó su vida con loza, que se entregó con amor a la práctica artesanal como su estilo de vida… a él, hacemos hoy un homenaje por el legado ceramista que deja con su muerte.
Género: Nota necrológica. 19 de septiembre de 2010.

Una distribución comercial que acabó con la tradición


Mientras van tomando algunos sorbos de café y manzanilla, don Gildardo Soto y don Mario Betancur, habitantes de El Carmen de Viboral, recuerdan lo diferente que era la plaza de su pueblo…

Por Marisol Gómez, Natalia Soto y Lizeth Ramírez.
Los domingos, sin duda, eran los días de mayor venta. Desde temprano se veían llegar en procesión, por las ocho calles que conducían a la plaza, las innumerables carretas atiborradas de todo tipo de mercancías y algunos arrieros provenientes de veredas lejanas. Cada comerciante madrugaba a instalar su puesto de trabajo en el sector dispuesto para sus productos, pues todos contaban con un espacio fijo para sus ventas.
Hasta hace 13 años, el centro urbano de El Carmen de Viboral era una típica plaza de mercado llena de toldos armados con lonas, madera y cabuyas, o simplemente con telones extendidos, que albergaban todo cuanto se necesitara para vivir y hasta un poco más; allí no solo se podían encontrar alimentos propios de la región, sino también ropa, calzado, juegos de azar, flores, accesorios, útiles, pomadas, y la atractiva venta de animales como cerdos, gallinas, gatos, perros… y mucha diversión.
Tanto vendedores como compradores, incluidos los turistas quienes eran los más admirados con tanta variedad y creatividad, se reunían en ese lugar para negociar, pues era el único espacio en el municipio donde se concentraba todo el comercio y la dinámica social. Los niños carmelitanos jugaban a correr entre los toldos amontonados de los vendedores, mientras sus padres hacían el mercado de toda la semana.
Y es que en aquella época escaseaban las tiendas de barrio, los almacenes y por supuesto los supermercados, pues la gran plaza de mercado, que contaba con más de 100 toldos, era el lugar más concurrido y preferido por los carmelitanos, tanto del área rural como urbana. Ese resultaba ser el plan favorito de todas las familias que recorrían desde temprano y durante todo el día, cada uno de los toldos dispuestos alrededor del parque principal.
Los negociantes ya eran conocidos por los habitantes del municipio, los cuales, por sus formas peculiares de ofrecer los productos, se convertían en personajes típicos. Los pregoneros, los culebreros, los adivinos, eran los que más atraían al público que visitaba la plaza por la manera jocosa y picaresca de vender. Algunas de las frases más comunes eran: “¡eh avemaría pues! tome y lleve florecitas de alelí para ella y para mí”, y también “florecitas de Marbella para regalarle a ellas”, “y aquí viene la culebra margarita con su baile de doncella, que les trae las pomadas resucita muertos, benditas para la cura de todos los males”, “venga señora yo le leo la mano, tendrá suerte mucha suerte”.
Un enjambre de gente, entonces, se aglomeraba alrededor de estos vendedores, que siempre tenían algo novedoso y atractivo que contar y ofrecer, y ahí era donde la venta se mostraba como un juego de pedir y regatear.
Pero ellos no eran los únicos protagonistas de aquella pintoresca zona de tire y afloje. Los famosos ciclistas, que se la pasaban todo el día dando vueltas al rededor de la plaza sin parar, también eran toda una novedad, lo mismo que las panelitas y boquediablos de don José García y los jarabes de don Emilio Castaño que reemplazaban las gaseosas, pues ambos productos eran elaborados con fórmulas secretas. Don Rubén Castaño, también hacía parte de este comercio municipal.

Más de dos décadas dentro del comercio municipal
Don Rubén Castaño es un hombre que durante 23 años ha sido un vendedor reconocido de tomates, mangos, tubérculos y otro tipo de frutas y verduras en el municipio. Comenzó con este oficio desde muy joven, luego de haber trabajado en diferentes tierras con la chatarra, las legumbres y los buñuelos; todo porque en su casa, según él, no quisieron darle estudio, aunque bien pudieron hacerlo.
Al regresar a este municipio, don Rubén encontró el amor con Martha Espinoza, una morena de voz dulce y carácter amable, con quien tuvo cuatro hijos: Diego, Jorge, Juan Carlos y Natalia. Poco después, y con el afán de sostener a su familia, este hombre cívico y participativo en las discusiones políticas que se daban en ese entonces, recibió un préstamo de un proyecto llamado Programa de Desarrollo Rural Integrado (DRI), para trabajar la agricultura y construir su casa.

Allí vivió durante catorce años, hasta que se vio obligado a venderla. Fue una época muy dura para él y su familia, así lo revelaron sus ojos verdes que se fueron haciendo vidriosos. “Me quedaron 200.000 pesos y yo nunca había trabajado en esto, pero como yo he sido programado para trabajar, comencé comprando plátanos, legumbres, papas y tomates en Rionegro”.
Por eso, don Rubén reconoce que llegó a este trabajo de forma accidental, y poco a poco fue cogiéndole amor al oficio. Con su puesto de frutas no sólo logró levantar a todos sus hijos, sino que se convirtió en doliente y testigo de la transformación del municipio a través de la reubicación de la plaza de mercado desde hace casi 13 años.
De la gran Plaza a la Placita de Mercado
El 22 de octubre de 1997 el alcalde de la época, Alpidio Betancur, comunicó a los comerciantes que en los tres días siguientes debían desalojar el parque principal. Ese típico mercado al que los carmelitanos estaban acostumbrados debía cambiar de lugar y forma para dar cabida a la Ley 388, del mismo año, sobre el ordenamiento territorial; el espacio público dejaría de ser invadido por las ventas provisionales o estacionarias y los comerciantes debían aceptarlo, la comunidad tendría que adaptarse también a ello.
Los comerciantes recibieron con sorpresa la medida que se quería imponer desde la Administración Municipal, y se opusieron a ella, puesto que no hubo una sensibilización previa ni un plan que le diera garantías a este sector. Sin embargo, el gobierno de la época quiso facilitar este proceso de desalojo enviándoles un equipo de trabajo: “hay carros, hay volquetas y trabajadores para que se lleven de aquí los toldos y las mesas, ustedes verán para dónde”.
Los comerciantes se negaron a salir del parque puesto que no se les ofrecía un espacio apto para desempeñar su oficio. La propuesta que se hizo, inmediatamente después, fue la de trasladarlos al Centro de Acopio, que estaba destinado para la concentración de los productos agrícolas que cultivaban los campesinos del municipio; los comerciantes manifestaron su desacuerdo porque sentían que ese lugar no les pertenecía y llegarían a invadirlo, además, su ubicación no los favorecía al alejarlos del centro municipal.
La medida estaba desesperando a los comerciantes que se sostenían de las ventas en la gran plaza, sus familias ahora estarían pasando necesidades ¿A qué más podrían dedicarse? En medio de la premura por trasladarlos, se les ofreció provisionalmente una zona contigua al Palacio Municipal, que era utilizada como almacén de depósito administrativo. El espacio era reducido pero central.
Fue así como el 25 de octubre se convirtió en un lunes inolvidable para los comerciantes carmelitanos, pues algunos de ellos se trasladaron a la Placita de Mercado y fueron ubicados según la distribución de la que gozaban en el parque principal. Sin embargo, muchos de ellos se quedaron por fuera; en la Placita pudieron ubicarse solamente cuarenta.
La zona estaba sin entechar y con problemas de higiene, los comerciantes se vieron obligados a reclamar ante la administración, puesto que venían de la intemperie a la intemperie; la infraestructura se adecuó 15 días después de que los comerciantes estuvieran trabajando allí.

El Concejo Municipal, para llegar a acuerdos y comodatos, ayudó a los comerciantes a conformar la asociación que estaría sustentada desde la legalidad con estatutos, reglamentos, funciones, personería jurídica; según Libardo Montoya, secretario de gobierno de la época, se hizo acompañamiento para que legalizaran la Asociación de Comerciantes que desde entonces está bajo la coordinación de Rubén Castaño.
Para este vendedor de camisones largos y sucios de tierra, el cambio de lugar trajo muchas desventajas. Por un lado, se redujeron las ventas al ser un espacio cerrado al que la gente recurre sólo cuando necesita algo específico. Además, los impuestos son costosos comparados con otras plazas de mercado y mucho más con lo que se pagaba en el parque principal. Actualmente cada comerciante paga 72.100 pesos mensuales, más el recibo de acueducto y alcantarillado, que deben pagarlo entre todos.
Estas situaciones han generado que la Asociación de Comerciantes se vaya extinguiendo, porque no se sienten muy apoyados por parte de la Administración Municipal.
Sin embargo, no todo ha sido malo, lo positivo de esta sede (además de recuperar el espacio público), según el coordinador de la Asociación, es que ofrece más seguridad al comerciante, pues anteriormente debían “retirar la mercancía de los toldos y amontonarla en cajones forrados en plástico”, para evitar que algunos pícaros se robaran sus productos.
Ese mercado, que muchos comparaban con el persa, era parte de la tradición de los carmelitanos y estaba en el imaginario de turistas que veían con ojos de encanto la concentración en la plaza principal; no obstante, esa puesta en escena, hoy no es más que un bonito recuerdo.
El comercio se expandió por todos los rincones del municipio
El parque principal ha perdido su colorido y se muestra actualmente como un lugar sobrio que ya no alberga aquella tradición que durante años caracterizó la vida de los carmelitanos.
Por su parte, aquellos comerciantes que quedaron inconformes con el nuevo espacio asignado para las ventas, decidieron someterse al rebusque y montar sus propios negocios. De hecho el comercio de El Carmen de Viboral dejó de tener un centro, para extenderse y distribuirse por los diferentes barrios del municipio.
Sin embargo, no todos tuvieron el dinero en sus bolsillos para buscar un local o acondicionar un espacio en sus casas y ofrecer los productos. Muchos tuvieron que utilizar sus carretas como puestos de trabajo e instalarse en las diferentes calles y carreras más transitadas por los habitantes de este pueblo ceramista. Así fue como aparecieron los famosos vendedores ambulantes que se ubicaron en cada esquina para tratar de sobrevivir.
Ante este nuevo problema de espacio público, el alcalde municipal actual, Joaquín Darío Duque, aún no ha podido tomar las medidas suficientes para dar soluciones y tratar de reubicarlos. Este fenómeno se extiende de forma acelerada cada vez más, por lo que hace mucho rato se le salió de las manos a la Administración. “En el municipio hay poca cultura del negocio, la gente pone y luego legaliza. Por ahora no se ha podido hacer nada, pues los vendedores ambulantes viven de eso. Hay que mirar cómo se reubican”, son las palabras del Alcalde municipal.
Mientras tanto, los vendedores son quienes sufren por la incertidumbre de no saber hasta cuando puedan estar en ese lugar que han tomado como su refugio, además sienten temor de que en cualquier momento funcionarios públicos se lleven su mercancía. Si no se han tomado esas medidas es “por lástima”, según dice el Alcalde Joaquín Darío Duque.

Don José María González, por ejemplo, ha sido uno de los más perjudicados, puesto que lo mueven de un lado para otro (cada vez más hacia la periferia), al darle prioridad a vendedores ambulantes que llevan más tiempo con las ventas de frutas y verduras en la carrera 31, una de las más concurridas del municipio. José María comenta que estos traslados afectan sus ventas, “a veces me hago sólo 4.000 pesos, otras veces nada”.
¿Qué hay hoy?
En primer lugar, las administraciones no han estado muy interesadas en darle impulso al pequeño comerciante, porque no se le da prioridad a las ideas de crear o adecuar un espacio amplio, como se les prometió, que resuelva las necesidades de este gremio, puesto que requieren una ubicación permanente, higiénica y con posibilidades de expandirse e involucrar a más comerciantes.
Desde hace 13 años se tiene un proyecto de construcción para la plaza de mercado, a dos cuadras del parque principal, en un lugar amplio que anteriormente era una fábrica de papitas Crujipapitas, pero “ha faltado voluntad política y mano firme” según Libardo Montoya, quien actualmente es concejal municipal.
Por lo pronto, los comerciantes reciben, constantemente, advertencias de que deben desalojar el lugar que les fue asignado en comodato, puesto que la administración dice necesitarlo para otro tipo de actividades. Los vendedores se han apropiado de este espacio al llevar más de una década de trabajo allí, por lo que se ha generado un nuevo conflicto alrededor de la ubicación de estas personas, que se sienten cada vez más desprotegidas.
Género: Reportaje. Junio de 2010.

Un pueblo que se resiste a olvidarse del barro


El Carmen de Viboral
Un pueblo que se resiste a olvidarse del barro
Acabadas las fábricas de cerámica, se desarrollan otros modos de expresión de esta práctica artesanal.
Por Marisol Gómez

Toda su vida Clemente Betancur se ha dedicado al oficio ceramista. Su pequeño taller artesanal en casa le dio para sostener a su numerosa familia. Sin embargo, recuerda la época dorada de la cerámica donde ésta era la principal fuente de ingresos de gran parte de los carmelitanos; algunos de ellos, pocos en realidad, continúan con propuestas en torno al barro, como si no quisieran dejar la tradición a un lado.
A don Clemente lo visitan muchos estudiantes universitarios y profesionales interesados en conocer el trabajo todavía artesanal y rústico de la creación de cerámica y de acceder a la identidad y las memorias de un pueblo que se hizo grande con el barro.
La Época Dorada
Desde la tercera década del siglo XX, la cerámica tomó tanta fuerza que para los últimos años de la “época dorada”, como llaman al beneficio que les produjo la actividad ceramista hasta 1980, habían 22 talleres y 11 fábricas, que daban trabajo alrededor de 5.500 empleados en este oficio. La región antioqueña era rica en materiales como el feldespato y el barro necesarios para la producción de las piezas.
Cerámicas La Continental llegó a tener hasta 500 trabajadores en sus instalaciones realizando actividades de carga y descarga, amasando, dando forma al barro, haciendo la quema y la decoración, empacando y comercializando. Ahora, visitar las ruinas de esta grande fábrica evoca nostalgia por tratarse de una gran pérdida municipal; desolada, caída y despintada aún conserva elementos cerámicos como los hornos necesarios en la producción de loza.
Las fábricas y talleres se vieron afectados por el ingreso de la económica loza china a partir de 1980. Las piezas carmelitanas se dejaron de utilizar diariamente en los comedores de muchos colombianos y fueron llevadas como productos decorativos y obsequios; la demanda disminuyó hasta el punto de llevar a la quiebra a los pequeños y grandes empresarios. Clemente Betancur, afirma que “Cerámicas La Continental me quedó debiendo más de cuatro millones”, al igual que a sus ex­-compañeros de trabajo.
Esa época fértil dejó, además de las ruinas de fábricas, la actual instalación del Instituto Técnico Industrial, un colegio público que inició en 1945 como una escuela de cerámica llamada Escuela Nacional Superior de Artes y Oficios.
La resistencia: se sigue con la manipulación del barro
Clemente Betancur, es uno de los más veteranos en este oficio, trabajó en Cerámicas Pareja, La Moderna y Cerámicas Unidas, con la quiebra de empresas se vio obligado a crear su propio taller para sostener a su familia, porque “era lo que hacía y lo hacía bien”; Cerámicas El Trébol es el producto de 30 años continuos de su resistencia a la caída de la cerámica.
Hoy, con sus ojos cansados, su delicado cuerpo y sus pronunciadas arrugas tiene el suficiente interés para seguir haciendo piezas cerámicas, no con la fuerza de antes ni con el mismo rendimiento pero seguirá “hasta donde dé el aliento” con El Trébol “de la buena suerte”.
A esta lucha, se suman los propietarios de las fábricas: El Triunfo y El Dorado que continuaron con la tradición ceramista en pequeña escala y de manera muy artesanal, como se hacía en las viejas fábricas (a modo de resistencia). Los procesos de producción son lentos porque el trabajo se lleva a cabo de manera familiar.

Con la idea de renacer en el oficio, Nelson Zuluaga creó Cerámicas Renacer hace 10 años, él tenía claro que su empresa se destacaría y tendría la fuerza de las antiguas fábricas. A diferencia de las tradicionales que aún se conservan, esta empresa actualmente exporta sus productos, los exhibe en grandes almacenes de cadena del país y tiene buena solvencia económica. Renacer, cuenta con 22 empleados, 16 de ellos son mujeres decoradoras que con pinceladas rápidas pero delicadas, reiteran la belleza del oficio en lo que plasman.
Con la arcilla todavía se puede hacer más
En 1999 con motivo de los 100 años de la cerámica se creó el Pórtico de la Loza, una escultura hecha por José Ignacio Vélez, diseñador industrial interesado en la cerámica del municipio. Pero éste fue sólo el inicio de un proceso de intervención de espacios comunes.
La calle del comercio fue transformada estéticamente, en el 2006 pasó a llamarse Calle de la Cerámica y se convirtió en un sendero de dos cuadras peatonales con elementos decorativos, jardineras, pinturas, mosaicos y pintas que hacen alusión a la cerámica, el oficio y la tradición. Lo paradójico durante el recorrido es que no hay un sólo almacén de cerámica para quienes deseen llevar recuerdos para su casa.

El Instituto de Cultura, creó un pequeño Museo de La Cerámica que almacena piezas de loza, instrumentos de fabricación del producto e imágenes de personajes destacados en esta historia artesanal; también, el área de Turismo a cargo de Dairo Zuluaga, tiene actualmente una Ruta Tradicional de la Cerámica que ofrece como paquete turístico-cultural, en el que “se tiene la posibilidad de ver paisajes históricos y se incentiva al turista para que conozca, compre y vuelva”. A pesar de estos esfuerzos don Clemente afirma que “la situación económica sigue igual, como antes”.
La intervención urbana, que inició José Ignacio Vélez, se llevó también al Coliseo Cubierto Municipal (con mosaicos deportivos). Además, uno de los hoteles y algunos hogares carmelitanos hoy cuentan con su fachada ceramista. Lo extraordinario es que mientras se transforma una fachada, más de un carmelitano para de caminar y mira la “obra de arte”.
Otra de las propuestas de intervención de Vélez, es de la fachada de la Parroquia Nuestra Señora de El Carmen que ya fue aprobada por la Administración Municipal. Hasta el momento ninguna ha sido tan fuerte para que se lleve a cabo dicha intervención, los tres diseños propuestos se encuentran en estudios.
¿De dónde salen las pintas para las vajillas de Renacer y para la decoración en las calles? Aunque a veces se crean nuevos diseños para plasmar en las piezas cerámicas, el pasado no se olvida, pues la mayoría de las pintas son reconstrucciones de lo que hizo cerámicas La Continental. Extrañamente, platos y pocillos se han convertido en elementos decorativos en las fachadas de las casas y de algunos sitios típicos del municipio; quienes no pueden imaginarlo, seguro dudan de lo bonito que se ve.

Género: Reportaje. Mayo de 2010.

Más que arrugas y canas, mucho más


Con la calidez propia del adulto mayor, que es como la ternura de los niños, los ancianos reciben a quien esté dispuesto a escucharlos y seguirles el juego de palabras y gestos que ellos dominan muy bien.

Por Marisol Gómez.

El Centro de Bienestar del Anciano San José, es el lugar donde converge una pequeña parte de la población adulta mayor de El Carmen de Viboral (37 personas), quienes reciben los cuidados de alguien ajeno a su familia que se ha convertido en una bondadosa mano amiga. El centro cumplió 64 años de trabajo al servicio de la población mayor del municipio.
En la tarde del domingo, sentados frente al televisor, están cuatro ancianos con sus trajes en tonos apagados y rostros serenos, a la espera de alguna visita que llegue con dulces o monedas. Cuando entra algún visitante, inmediatamente sus miradas se dirigen hacia él, como para identificarlo; luego esas miradas vuelven a trasladarse al televisor.
Mientras tanto, otros ancianos que se encuentran en el patio interior parecen perdidos en sus pensamientos, con la mirada fijada en la lejanía como si se evocara el recuerdo; los demás ancianos dicen al respecto “es que ese no es del todo completo”, como para que no se le preste mucha atención.
A pesar de la enfermedad de algunos de estos longevos, hay quienes con su manera de ser quieren robarse la atención del nuevo visitante. Carmen Tulia Calderón quien cuenta en sus dedos para poder decir su nombre completo, es quien recibe las visitas con abrazos, sonrisas y dificultad para hablar, ella cuenta algo de su enfermedad por dentro y de la operación que deben hacerle.
Cada suceso allí es un asunto que se comenta en los pasillos, y las noticias que se escuchan van desde que “Luis está enfermo y no quiere almorzar”, hasta que el algo “es arroz con leche y no se puede desperdiciar”; son preocupados por lo que pasa en ese pequeño mundo de contemporáneos donde cada asunto se convierte en una suceso que todos deben conocer.
Sin embargo no se olvidan de lo que pasa afuera. Ángela Zuluaga, una de las mujeres más lúcidas de aquel lugar, hace referencia a su familia y dice que “no se queda en casa" porque no tiene “con quien vivir”, además allí se entretiene conversando con sus cercanos y leyendo la biblia que tiene en sus manos. No obstante, en su discurso se evidencia la nostalgia por estar lejos de sus hijos y nietos, y por no ser la mujer fuerte y trabajadora que era antes, cuando hacia campañas políticas y vendía alimentos que sembraba en su casa.
A las 2:30 de la tarde suena la campana que llama a los abuelos (que todavía pueden caminar) a tomar el algo, un arroz con poca leche que parece satisfacerlos. Los ancianos que se encuentran enfermos en sus habitaciones esperan a que llegue la “hermanita morena”, como llaman a Glenis Moreno por el color de su piel, con los alimentos y las respectivas medicinas.
Luego de tomar el algo, la hermanita morena llama a los ancianos que están en el patio para rezar el rosario. Todos acceden y se sumen en un momento de fe que realmente disfrutan.
Al mismo instante, en una de las habitaciones decorada con imágenes de la Virgen de El Carmen y un divino niño como muestra de su fe en Dios, se encuentra Laura Roza Alzate quien, a pesar de su ceguera, cuida de su compañera de habitación: Angélica Zuluaga, comentando que sus dedos son el reemplazo de la vista con la que no nació.
Laura se mueve por todo el centro como si realmente pudiera ver, con un dominio total de sus pasos y acciones. En la habitación escucha la radio, pero no tiene reparo en apagarla para hacer lectura en voz alta de los versos y otras cosas que escribe en alfabeto Braille. Laura hizo lectura de las estaciones del viacrucis que le dictó la “hermanita morena” la semana pasada.
Este centro del adulto mayor se ha convertido en el hogar de muchos de los ancianos y es por esta razón que no temen apropiarse de cualquier rincón insospechado que extrañamente da sosiego y felicidad, pues no siempre están en la habitación, ni en el patio, ni en el comedor… hay quienes se la pasan dando vueltas por los corredores del lugar, mientras otros recorren las demás habitaciones.
A parte de esto, algunos de los ancianos que son más lucidos, salen a recorrer algunos lugares del municipio en las horas de la tarde, por eso algunos de ellos pueden verse sentados en las bancas del parque principal recibiendo el sol; Rebeca Giraldo, la directora de este centro, comenta que quienes salen de allí tienen restricciones con los horarios, deben llegar a las 5:30 de la tarde.
La mayoría de los ancianos tienen serios problemas para hablar y no pueden valerse por sus propios medios. Sin embargo allí hay todo un juego de símbolos que ellos mismos han establecido y entienden cuando alguien quiere irse a su cuarto, entrar al baño, preguntar algo o cuando necesita que alguien vaya a ayudarlo.
La institución intenta subsidiarse con la mensualidad que se paga por los ancianos que va desde 300 mil hasta 420 mil pesos mensuales. Sin embargo, hay 17 ancianos que no pagan nada por las pocas posibilidades económicas de sus familiares; ellos no generan ingresos para esta comunidad.
La población carmelitana se ha sensibilizado con la condición económica del centro con aportes económicos, alimentarios, medicamentos y elementos de aseo. También se ayudan de los ingresos de la sala de velación La Resurrección, la Capilla El Asilo y la serenata anual a favor del centro. La Administración Municipal hace un contrato con este centro, 14 millones de pesos anuales que no resultan suficientes para atender las necesidades de este sector.
Las pocas posibilidades económicas del centro se hacen notorias en su misma infraestructura, aunque este centro es ordenado y limpio, algunas paredes están muy despintadas y un par de partes del techo están caídas.
Pese a esto, los abuelos del Centro de Bienestar dicen sentirse bien allí, les parece un lugar cálido así estén lejos de sus familias, pues allí se sienten acompañados. “A uno se le va el tiempo aquí o en la capilla rezando” comenta Laura Rosa Alzate, quien además agrega que “no podría estar mejor en otro lugar”; eso sí, le gusta mucho que la visiten, y cada que habla con algún visitante lo invita a que vuelva pronto.
Pese a ser el domingo el día especial para las visitas, al final de la jornada sólo una pareja se encuentra conversando con una de las ancianas a quien ellos llaman mamá. Los demás ancianos pasaron el día bien arreglados para ir a misa, pero no para recibir a sus familiares, que como muchos ancianos dicen: “se han olvidado de mí”.

Gémero: Crónica. Abril de 2010.



miércoles, 5 de mayo de 2010

Quiero que mi música toque corazones


Nakí Bailarín:
“Quiero que mi música toque corazones”
Nakí Bailarín habla de sus raíces indígenas, su vida artística y su primer disco “Que bonito”.
Por Marisol Gómez Castaño
Nakí Bailarín, descendiente de los Embera Katio, refleja su sensibilidad en las canciones, puestas en escena, en el uso del maquillaje indígena en sus espectáculos y también en su vida. La imagen que proyecta de mujer delicada y sensible fue reiterada durante la entrevista, donde se evidenció desde el cerrar de sus ojos y los movimientos de sus manos, la pasión con la que habla de su vida musical y de lo que la hace sentir habitar el mundo.
El encuentro se llevó a cabo en su estudio de grabación: La Zona Pro, en El Poblado. Lugar donde pasa los días como asesora vocal, definiendo el estilo de personajes que quieren entrar al mundo artístico y, por supuesto, grabando sus nuevas melodías y canciones. El encuentro se dio unos días después de que Nakí llegó de Bogotá, donde cantó en el marco del Festival Iberoamericano de Teatro.
Hablar de Nakí significa mencionar una mezcla de raíces indígenas con un poco de sonidos de la ciudad, pero usted ¿Cómo define su identidad musical?
Mi identidad la defino también como una fusión (así como la veo en la música) de ese mestizaje especial que recibí de cada una de las etnias que componen nuestra América. Nakí es esa bella fusión de piel, de raza, de sangre, de alegría, de lo afro, del misticismo y el corazón de los indígenas que aman la naturaleza, y también de lo urbano, lo blanco, el ruido de la ciudad. Es una hermosa mezcla y de cada una recibo algo especial.
¿Existe un lazo directo con la cultura Embera Katio, con esas raíces que en parte te componen?
El único lazo es mi mamá, es lo que veo de ella y también lo que recibí y que no conocí. Cuando yo tenía 15 años yo me pintaba la cara, no sabía que los Embera se pintaban, ni siquiera sabía que era Embera; entonces es una conexión que ya venía en la sangre, yo me sentía conectada con mis raíces y le preguntaba siempre a mi mamá quienes eran mis abuelos y de dónde veníamos, pero había muchas cosas que ella misma desconocía.
Cuando estaba en la Organización Indígena de Antioquia sí supe propiamente a qué etnia pertenecía y tuve muchas ganas de ir a la comunidad (todavía las conservo), pero el acceso era restringido porque había violencia. Hasta el momento no hay contacto directo con la comunidad, no se tiene el lazo familiar como debería ser, aunque hace poco mi mamá estuvo en una comunidad cercana y tuvo conocimiento de la supuesta abuela: Ana Bailarín, pero ella está muy enferma y no han podido verla.
¿Cómo asumías, entonces, lo del maquillaje de la cara si dices que en ese momento no sabías de tus raíces?
Ese asunto era muy mágico, porque cuando yo estaba triste y quería sentirme bien, yo empezaba a maquillar mi rostro y encontraba en eso tranquilidad, alegría; luego cuando pude investigar sobre mis raíces y me di cuenta que los Embera se maquillaban para sentir la conexión con lo espiritual, cuando están contentos y quieren conectarse con la tierra y la belleza. Era como un asunto incorporado, yo no tenía consciencia de ello pero lo hacía y encontraba bienestar en ello.
En una de tus canciones, Princesa Embera, se alude a la huida de una joven noble y guerrera. ¿Tiene esto algo que ver con tu historia y con el hecho de que no pudiste absorber la herencia cultural?
Sí, mi mamá se fue de la comunidad a los siete años, ella es hija de Ana Bailarín, indígena Embera Katio, y mi abuelo era Capunia (no indígena) él tenía raíz española. Mi mamá se fue de la comunidad porque la abuela le pegaba con machete (un día se le voltio el machete y en la tibia tiene su cicatriz), ella se fue viniendo hacia Medellín, sin saber dónde iba a parar y le tocó sufrir mucho por ser indígena, mujer y pequeña.
El abuelo no dejaba que mi mamá absorbiera nada de sus raíces, entonces mi mamá se sabe solamente tres palabras y a nosotros sólo nos comunicó eso. Yo le preguntaba pero no había mucho que decir, por eso no pude absorber mi herencia cultural.
El mundo artístico de Nakí se inicia desde la infancia. ¿Cómo fue que te dejaste tocar por la música?
Yo sabía desde niñita que iba a ser lo mío. Yo bailaba para los vecinos y me decían que era tremenda artista, me ganaba los concursos de baile y en el colegio manifesté mi interés por la música, tenía buen ritmo y tocaba la clave en la tuna. Luego mi profesora de artes me vio capacidad para cantar y me fue metiendo en los concursos de canto relacionados con la música colombiana. Entonces todo me encaminó, ese era mi mundo, desde pequeña lo supe y fui creciendo y mejorando con la formación académica y la experiencia.
¿Cómo fue ese proceso de intervención y evolución musical en el que definiste tu estilo?
Yo sólo tenía claro que quería cantar. Para que se fuera moldeando Nakí sí hubo intervención de mi productor, Sergio Giraldo, y del encuentro con mis raíces, todo me fue aportando sumando, además, a mi personalidad. Desde que comencé a escribir siempre tuve ese compromiso de querer hacer una canción y aportar a la sociedad cosas buenas, que todo estuviera enfocado a la construcción de tejido humano. Todo ha intervenido, personas principalmente que quisieron que diera lo mejor de mí en escena.
Hablemos un poco del proceso de creación de las letras que son reflejo de diversos sentimientos. ¿A qué le canta Nakí, de dónde salen sus letras?
No, ellas me buscan a mí. Primero me imagino la música, soy muy musical, entonces parto de una tonada que le expongo a mi productor, él me da la armonía y con base en eso hago la canción. Tengo la melodía y es como si ella buscara dentro de mí el tema, por ejemplo con la canción Negra, la melodía fue la que me trajo temas como la esperanza, la fidelidad en la pareja, el amor.
Es un proceso mágico, no lo busco, lo que sí quiero reflejar es valores y personas, la melodía me surge y a partir de ahí es como si la letra viniera solita, me buscara y me dijera: vea escriba esto. Eso es lo que me sucede.
¿Cuál es su canción más sentida, la que más la refleja?
De mi música… todas tienen algo de mí, y reflejan cosas positivas y negativas. No podría hablar de una en especial, todas reflejan mis estados y sentimientos.
¿Qué significa la música como proyecto de vida de Nakí? ¿Qué le hace sentir?
Ya es un hecho de vida, en algún momento fue un proyecto. Yo pienso que tengo un don que Dios me dio y que lo debo compartir, entregar lo mejor a las personas, desde la música, el mensaje, la escena. Me gusta prepararme y cantar con el alma, siempre he sentido esa conexión con el corazón, con las personas y con la música en sí, que desde niña me motivaba, me levantaba el espíritu. Eso me ayudó a hacer lo que hago hoy con Nakí, llevarlo a ser un hecho de vida que les aporte para bien a las personas.
¿Y cómo piensas que puedes aportarle a las personas, desde tu música?
Lo que pretendo inicialmente es que bailen, se rían, se la sollen, que si no le quieren prestar atención a la letra no lo hagan pero disfrútela como pueda, esa es la idea. También es importante que se lleven algo bueno para su vida, que la recuerden, que les dé ganas de bailar o sacar la tristeza, que si en ese momento le pasó algo bueno en su vida haya estado mi música ahí. Es nada más eso, que mi música pueda dejar huella porque si toca el corazón también va a tocar la consciencia.
¿Qué le produce estar en el escenario y ver como se recibe su propuesta?
El mensaje solito les llega, yo me dispongo a entregarles una voz que los acaricie, les toque el alma, desde que parto con la primera nota ya la gente abre sus oídos. La gente lo disfruta y es cuando siento que todo mi proyecto de vida me genera conmoción, me conmueve ver que mi intención da frutos de muchas maneras.
Hablemos del himno mundial del Festival de la Tierra, su canción Madre tierra. ¿Qué le produce saber que en más de 40 países se escuchó su voz y sus letras?
Lo más importante es ayudar a que la gente tome conciencia del daño que le hacemos al planeta, ese es el éxito de la canción, la reflexión de que hay que cambiar la actitud, “Perdóname madre tierra por el daño que te he hecho” esto ha tocado muchos corazones. Cuando la comencé a componer miré al cielo y ese día estaba lloviendo y precisamente lluvia es la primera palabra de la canción, el mensaje llega solito a mí y luego de que toca mi corazón llega a otros corazones.
¿Qué representa el nombramiento de Guardiana de la Tierra?
Pues esa palabra es bien grande, desde mi espacio trato siempre de cuidar el ambiente, con el reciclaje, el cuidado del agua, el ahorro de la luz, preferiría no usar cosas de cuero, no contaminar el ambiente de ninguna manera. También intento difundir el mensaje entre mis amigos y cercanos y es una especie de ayuda para el cuidado de la tierra, para intentar guardarla.
Hablas de llevar la bandera al mundo con tu propuesta musical. ¿Por qué asumiste ese papel de ser un referente de la cultura nacional?
Porque amo a Colombia, amo a mi país, su belleza y tesoro, a la gente, la gastronomía, el paisaje, la cultura… y porque quiero llevar el mensaje de la real y superior belleza de nuestro país lejos de otros asuntos por los que se reconoce. Quiero que el país brille por su gente, por la diversidad, la riqueza que alberga.
¿Cómo fue la selección de canciones para el disco Que bonito. Se quedaron muchas por fuera?
El CD tiene 12 temas y la selección fue fácil, primero tenía 9 canciones completas y después fuimos sumando las otras tres, entre ellos Madre Tierra. La verdad, sí hay muchos melodías que están en proceso de intervención, igual hay algunas letras que guardo todavía, que prefiero no mostrar, porque soy tímida y a veces siento que es algo muy mío que está en proceso de mejora.
¿El disco ya está disponible?
Sí, mi producción discográfica ya está disponible en las disco tiendas del país y a través de Itunes y Amazon también se puede acceder al material discográfico que está hecho con el corazón.

¿Diversión para quiénes?

Informe Especial. Marzo de 2010.
Por: Marisol Gómez Castaño.

Mientras algunos jóvenes parecen disfrutar de ambientes de rumba en las discotecas de la Zona Rosa de El Carmen de Viboral, los habitantes del sector tienen problemas para dormir, hacer actividades académicas y tener tranquilidad en su propio hogar.
Los residentes de La Alhambra llevan alrededor de diez años manifestando a la Administración municipal su inconformidad con la dinámica comercial del sector, que invade acústicamente las 406 casas de la zona los fines de semana entre las siete de la noche y la una de la madrugada. Carlos Alberto Arias, habitante del sector, afirma que tiene que soportar el “desmesurado volumen musical” y algunas “peleas callejeras” los días donde quiere “descanso y sueño tranquilo”.
Un comité de representantes del sector hizo una solicitud formal en julio de 2004 con un derecho de petición que solicitaba control del volumen. La Administración de la época, al mando del exalcalde Jorge Luis Orozco, respondió que los propietarios de las discotecas debían “adecuar acústicamente” los locales, esta respuesta se quedó en el papel porque los dueños de los negocios expresaron no tener capital para ello. Más adelante, el comité instaló cuatro acciones de tutela sin lograr efecto alguno.
Para las 1.474 personas del sector se reclamaba derecho a la salud, el descanso, la paz y al sueño; la respuesta fue un incremento de la cantidad de establecimientos de la zona y un aumento del sonido por la competencia de volumen que se da entre los negocios. Los habitantes del sector tuvieron que limitar sus quejas al exceso de horarios permitidos y a las peleas callejeras (ante el comando de policía), pero nada podían hacer cuando en las noches daban vueltas en sus camas sin poder dormir.
Cornare, la autoridad ambiental regional, efectuó una medición del nivel sonoro el 25 de abril de 2008, en el informe técnico se comprobó que hay un exceso hasta del 21.5% de lo permitido que es 70 decibeles en cada establecimiento. Una nueva visita en mayo del año pasado constató que los establecimientos “no cumplen con la normatividad ambiental”. La “contaminación auditiva” es la que altera el bienestar de los residentes de la zona, quienes quieren vivir en su espacio y a su manera.
El sector figura en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) 2008-2011, como una zona de interacción múltiple (residencial, comercial, turística) por lo que la secretaria de Gobierno, Beatriz Cecilia Mejía, afirma que “ellos están ahí por vías legales”. No obstante, en Planes de Ordenamiento anteriores la zona figuraba como residencial y los establecimientos funcionaban sin estar registrados ante Industria y Comercio; las administraciones de los últimos 10 años fueron permisivas al respecto.
Situación actual: en el juzgado
Actualmente se lleva a cabo una Acción Popular en contra de Cornare, la Administración Municipal y los trece establecimientos públicos con los que cuenta la Zona Rosa. La iniciativa reclama “medidas necesarias, concretas y eficaces” que disminuyan el impacto del sonido a lo estipulado por la norma.
El abogado que lleva el proceso, Andrés Felipe Arteaga, instauró la demanda que fue admitida el 16 de junio de 2009 en el Juzgado Veintiuno Administrativo de Circuito. El expediente contiene demandas, cartas, comunicados organizados cronológicamente; además, el pasado febrero, por un requisito en el juzgado, se recolectaron alrededor de 350 firmas de los residentes del sector que se anexaron al expediente.
La demanda ha sido lenta por nuevos requisitos que surgen en el trámite. Ahora está en traslado de contestación, es decir, se espera la respuesta de los demandados para proceder al fallo: Cornare, por ser la entidad ambiental regional; la Administración, por ser la directa encargada de los sucesos municipales; y los establecimientos públicos por ser adversarios de la causa, estos últimos “tienen poca información” al respecto, según Julián Alexis Narváez, administrador de La Tekilera ubicada en la Zona Rosa.
Un problema y otros más
La Secretaria de Gobierno afirma que es “imposible ceñirse a la normatividad”, puesto que el costo de una adecuación acústica generaría el cierre de negocios y el derecho al trabajo se vería violado. La Administración se enfoca en controlar los horarios permitidos y las alteraciones de orden público (a cargo del comandante de Policía Carlos Alberto Medina), pero no ejerce control sobre el volumen permitido en cada establecimiento del sector.
En el mismo POT municipal, se argumenta que la actividad comercial debe ser acorde con el desarrollo y las necesidades de los residentes de la zona y en los expedientes de los Consejeros Territoriales de Planeación se asegura que el parque del sector fue creado con un fin “tradicional, social y cultural”, no con la saturación de discotecas que “originan indisciplina social”. A este argumento se suman Luz Elena Ramírez y Socorro González, habitantes del sector.
Mientras tanto, los administradores de las discotecas continúan con su amplificación de sonido (la mayoría no están muy enterados del litigio) y los usuarios de estos lugares los fines de semana disfrutan del placer que les genera el baile, la música y el licor; sin pensar en que hay otras personas que desean concebir el sueño.

jueves, 19 de noviembre de 2009

¡Cotero hasta que llegue el dios Baco!

En las horas de la mañana las calles del pueblo son testigas de un personaje que ve en el oficio de carga y descarga de diversos materiales, la posibilidad de generar ingresos para satisfacer sus necesidades y deseos.

Francisco Ramírez, más conocido por sus amigos y familiares como “Pacho” y por la mayoría de habitantes de El Carmen de Viboral como “Wipi”, hace parte de la larga lista de personajes particulares que se toman las calles del pueblo desde su cotidianidad, reflejando una manera singular de ver el mundo. Lista donde caben personajes como Mambo, Vihigh, Lino de J, Pachito el cantante… quienes recurren al espacio público como posibilidad de empleo y, al mismo tiempo, le dan un toque especial a ciertos lugares; aunque ellos ignoran todo lo que logra transmitir su singularidad y lo valiosos que son como referentes de la diversidad cultural municipal.

Francisco ve en lo urbano la posibilidad de subsistencia, olvidando oficios anteriores donde el campo era el trabajo seguro para las personas que como él viven en una vereda y cuentan con unas cuantas tierritas.

Su hogar es el reflejo de una familia tradicional antioqueña, de esas familias donde “la mujer es de oficios en casa, al cuidado de los hijos”, sumisa; mientras el hombre sale a trabajar, a ganarse la plata con un compromiso pesado y de varones. Actualmente, este hombre vive en la vereda La Aurora con su conservada esposa doña Martha, mujer trabajadora y comprometida con la crianza de los hijos que todavía están en casa y de unos nietos que “cuida por unos cuantos pesos”.

Parece ser que “Wipi” se la pasa poco tiempo en su finca, la alegría se la da el sonido del pito del bus, muy de madrugada, que lo hace bajar a trotas de la loma en donde vive porque anuncia el transporte hacia el pueblo.

Una vez en las calles del municipio, realiza completamente las labores encomendadas por algún vendedor o comprador, porque cuando de materiales pesados se trata se ve llegar a este personaje. Se distingue a lo lejos por su gran estatura y su forma de caminar a pasos largos pero lentos, su cuerpo delgado y desgastado revela una vida de lucha constante y enorme sacrificio, su rostro tiene unas cuantas manchas por el sol y sus ojos son grandes pero algo hundidos. Lo acompañan como elementos característicos: una gorra gastada para cubrirse de los rayos del sol y un dulce abrigo verde que reconoce a todos los coteros ubicados, precisamente, en la calle de la cerámica.

Durante el día se le puede ver de un lado para otro como cotero, o como más se le conoce a este oficio: volteador. “El trabajo es duro y mal pagado”, pero los muchos trabajos del día (por aquello del acelerado comercio que ahora se vive en ciertas zonas del Oriente Antioqueño) generan algo de ingresos para llevar a casa, aunque algunas veces se olvida esto en el camino y las ganas de licor no se hacen esperar.

Wipi es el sobrenombre famoso de Francisco y es producto de su propia creación, de las tardes o noches de ebriedad en las que repetía esa palabra para saludar a la gente y así se fue distinguiendo de otros ebrios y otros coteros.

Cuando recurre al alcohol, esa calle donde se le vio trabajar fuertemente pasa a convertirse en el escenario predilecto y regocijante de este personaje, esa calle es el reflejo de la tranquilidad que unos cuantos traguitos parecen darle. Allí, una multitud pasa, sonríe y grita “Wipi”, permitiendo que Francisco se sienta reconocido y pueda pronunciar palabras amables en su corto discurso; nada más que palabras, pero da la sensación de ser accesible a la cotidianidad de los carmelitanos que transitan la calle y lo saludan para recordarle que les agrada ese vocablo en particular.

Su puesta en escena en la mayoría de las tardes es muy diferente, pues ya el cuerpo y la mente están en otro estado, pero no es el típico ebrio que quiere llamar la atención; se le puede observar sentado en uno de los faroles de la calle de la cerámica, con la mirada algo perdida, pero cualquier palabra que se le diga trae otro gran listado de palabras, muy respetuosas, que salen de la boca embriagada de este personaje: “Wipi wipi”, “saludos”, “cariños”, “buena vida”, “maravilla”…

A pesar de su constante embriaguez la gente lo reconoce, además, por su espíritu trabajador. “Toma mucho, pero eso sí, es muy activo” como dicen algunas personas del pueblo, “para que pero el hombre es fuertecito así se vea desgarbado”; incluso lo llevan a otros pueblos para la carga y descarga de elementos pesados, porque “se le mide a lo que sea”. Su vida, aunque sea de difícil acceso por la simpleza que para este personaje parece tener, obedece a todo un ritual que es de gran valor y merece ser contado.

A Francisco nunca le falta el ánimo para ganarse sus pesitos, porque sabe que luego disfrutará de las mieles del alcohol, invocando al dios Baco y dándole otro significado a la calle que antes se tomaba para ganarse el pan de cada día.

“El trabajo duro tiene sentido cuando algo de esa plata es para sí mismo”, para salir de sus rutinas, inventando otras que quizá son más arraigadas el día de hoy. “Es que se lo merece, por el cansancio y el voleo del día”, comentan algunos de sus allegados, “eso sí, que no se beba toda la plata, algo debe llevar a la casa”.

La vida de Wipi, es la típica de los campesinos de la región que disfrutaban la salida al pueblo para emborrachar sus cuerpos, la diferencia es que ahora ese licor entra más seguido, pues el mismo movimiento del pueblo parece necesitar de personas que se esfuercen en lo urbano y olviden las pérdidas que han sufrido sembrando en el campo.

Más allá de lo que haga o no, resulta ser uno de esos sujetos que muchos prefieren evitar, pero que son producto del proceso de un pueblo que los distingue y los va perfilando… los niños lo extrañan y gozan con el tono como saluda; los jóvenes lo conocen, sonríen y luego lo ignoran; los adultos comerciantes lo contratan por ratos o, algunos otros, le ofrecen un poco de licor que parece alegrarle más la vida… y los turistas se asombran por ver a un hombre que “evidencia la diversidad cultural del pueblo”.

Wipi es, sencillamente, uno de esos personajes que le dan características particulares a ciertos lugares del municipio, es símbolo de trabajo y lucha por el pan de cada día recorriendo espacios comunes pero con miras en la oportunidad de empleo. Su puesta en escena es particular por vivir de oficios arriesgados y mal pagados al mismo tiempo que sonríe porque la lucha no parece ser en vano… por lo menos queda dinero para traer al dios Baco y crear otra realidad.